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Notizbuch. Johanna Theresia Harrach.  El jueves pasado fue uno de esos días en los que ir al archivo merece la pena. Entre los documentos que había pedido me encontré con el curioso libro de memoria o Notizbuch que la condesa de Harrach escribió durante los años 1672 y 1676. El librito, de tamaño cuarto, está bellamente encuadernado con tapas decoradas con relieves. En la portada aparece el retrato oval de Leopoldo I y en la contraportada el de la emperatriz Margarita, lo que hace suponer que podría haber sido un regalo de los emperadores antes del fallecimiento de Margarita en marzo de 1673. Johanna Theresia Harrach apenas había escrito unas líneas en su librito cuando su “ama” falleció y entre las primeras anotaciones figuran el número de veces que se había confesado en el año 1672: cincuenta y tres.

En previsión de que allí le daría buen uso, la condesa se llevó el librito a Madrid, a donde viajó en el verano de 1673 con su marido e hijos para cumplir con la embajada que el emperador Leopoldo I les había encomendado. Mes a mes y de forma escueta fue anotando aquello que de una u otra manera necesitaba fijar en el papel: cuentas de los vestidos que debía encargar a sus hijos o de los pantalones de dormir que tenía que mandar hacer para su marido, salarios a pagar al ama de cría o a los criados que le servían en su casa de la Plaza de la Cebada, o las curas que habían recibido sus hijos y cómo éstos habían reaccionado ante ellas. 

A veces, tras las anotaciones siguen varias páginas en blanco. El mes de febrero de 1674 presenta trece páginas sin nota alguna y el mismo aspecto presenta el mes de marzo de 1675, en el que apenas anotó algunas cuentas, entre ellas la correspondiente al baldaquino de la cama de su hijo Franz Anton. Demasiadas cosas debía dejar a la memoria la condesa de Harrach dado el poco uso que hizo algunos meses de su librillo… acaso se creía tan audaz y despierta que podía desafíar no sólo al despiste diario sino también al más duradero y temible olvido. O es que quizás tenía mucho que olvidar y realmente se propuso hacerlo: en el libro no hay ni rastro de la muerte de su hijo recién nacido… No consideró necesario anotar tal desgracia, por otro lado, difícil de olvidar. Inolvidable pero en otro sentido fue también el nacimiento de su hija Rosa Ángela el 23 de febrero de 1675 en Madrid, un acontecimiento que anotó en su librillo no una sino dos veces.

Apasionada del chocolate, en septiembre de 1674, Johanna anotó una receta que merecía fijar en la memoria. Se trata de la receta de chocolate que le dio su amiga Francisca Manrique y que Bianca Lindorfer publicó en su tesis (Lindorfer: Cosmopolitan Aristocracy and the Diffusion of Baroque Culture, 2009, EUI Florence): “Abschrift wie die Manrique die chocolate machen last, auff 50 lt cagau 32 lt zúcker, ein halbss lt zimet 2 unzen pfeffer und 120 beinillas….”. Seguía la receta: “und wass man von indianischer der zúe will dúen es bicädt zu machen ers auff die lezt reibt manss trúndler wie aúch die Weinillas, den goco zú resten ist die krest kúns daz er sich nit an brendt”. Francisca Manrique mandaba hacer el chocolate al por mayor mezclando cacao, azúcar, canela, pimienta y vainillas. “Y si se quería hacer a lo indiano”, es decir, picante, había que rallar la pimienta y las vainillas por encima y cocerlo…, y añadía: “gran arte es no quemarlo”. Imagino que cuando regresó a Viena, Johanna Theresia abriría muchas veces su librito de memorias por esta página para recordar una y otra vez cómo debía hacer el chocolate o quizás nos estemos equivocando y Johanna se supiera de memoria la receta… y este librillo, que la condesa no continuó en la capital imperial, quedara olvidado en alguno de sus escritorios indianos…

 

Agradezco a Andreas Hutterer su ayuda con el alemán de Johanna Theresia Harrach.

Bibliografía:

Sobre la difusión del chocolate en Europa Central: Bianca Lindorfer: “Discovering taste: Spain, Austria, and the spread of chocolate consumption among the Austrian aristocracy, 1650–1700”, Food and History, 7.1, 2009, pp. 35-51.